A medida que van pasando los días..

tapiz CentroFélixGracia

Μακάριοι οἱ πλύνοντες τὰς στολὰς αὐτῶν,

 ἵνα ἔσται ἡ ἐξουσία αὐτῶν ἐπὶ τὸ ξύλον τῆς ζωῆς.

Apocalipsis 22,14.

A medida que van pasando los días desde el último encuentro con esta familia del alma (tan antigua ya…) vamos vislumbrando el inmenso propósito que late en el curso de terapeutas que la familia Gracia ha levantado ante nuestros corazones. Pues este proyecto no es sino aquel que está preparado “desde antes de la creación del mundo” (1Pedro 1, 20). Y como la Creación no es un concepto histórico (algo que haya ocurrido en coordenadas espacio-temporales) sino teológico, es decir, que está sucediendo a cada instante a nivel cuántico, con esta formación de terapeutas sencillamente se está co-creando con la divinidad. Es un “hágase” pleno y santificado. Dá vértigo comenzar a profundizar en el significado de toda esta labor a la que hemos sido convocados por el Espíritu de Amor y Alegría que vive plantado en nuestro corazones.

En el versículo anterior al vigoroso y amoroso “Yo estaré con vosotros hasta el fín de los tiempos”, que Félix ha incluido como lema en el temario del curso, también leemos: “Id y bautizad en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu”.

Hay que realizar una exégesis  un poco más profunda y sutil para no quedarse en la superficie engañosa de la invitación. Este “bautizar” (baptitzo) que Mateo pone en labios de Jesús en el capítulo 28 de su evangelio, no es hacer un acopio de cristianos, no significa alentar proselitismo alguno. Nada de eso. “Bautizar las naciones” implica, fijaos bien, sumergir la realidad mundana en la toma de conciencia de su fondo divino.

Citamos a Javier Melloni, místico de nuestros días: “Bautizar –sumergir- es abrir lo que ya es, desbloquear lo que ya está entre nosotros para que lo podamos recibir. Pero, ¿Cómo podríamos bautizar si antes nosotros no hubiéramos sido bautizados? ¿Cómo podemos sumergir la realidad en Dios si antes no estamos nosotros anegados en Él?

Inmenso lo que nos traemos entre manos, familia. Y no son proyecciones narcisistas ni sentimientos heroicos de unos cuantos egos con aires mesiánicos. Es una emoción cálida y delicada la que me ha ido abriendo los ojos del alma los últimos días y he vislumbrado el horizonte de Alegría al que “nos estamos dirigiendo”. Porque ya el libro de la Revelación nos advierte: “Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del Árbol de la Vida”.

Benditos vosotros, alumnos-profetas, quienes ya bautizais con el Fuego del Espíritu en la administración pública, en centros comerciales, conduciendo ambulancias…

Marco Giovannucci

Marco Giovannucci
CRONISTA OFICIAL DEL
CENTRO FELIX GRACIA