Nuestra inspiración es la espiración de Dios en nosotros

Aliento de Dios

“Nuestra inspiración es la espiración de Dios en nosotros, y nuestra espiración la inspiración de Dios en sí mismo”. K.F.Dürkheim

En el Libro I de Reyes, capítulo 19, versículo 12, la divinidad se presenta a Elías bajo la apariencia de un rumor como de brisa suave

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Allá por el mes de Febrero del presente año, Félix publicó en el blog una serie de entradas (Aliento de Vida I y II) rebosantes de una arrebatadora sutileza (mas propia de un maestro perfumista que de un escritor) en las que describía y explicaba esa dinámica tan íntima y personal que llamamos respiración. Por aquel tiempo, quiso el buen Dharma que yo me encontrase meditando-saboreando unos textos vibrantes de claridad a cerca de nuestra naturaleza trinitaria, salidos de la pluma del gran sabio Raimon Panikkar, y que relacioné al instante con los de Félix.

Tras su lectura, una atmósfera de paz densa desplazó el espacio donde por lo general reina la mente y, con la misma elegancia y mansedumbre con la que arden los crepúsculos, fui conducido a experimentar el amor colosal y la prodigiosa ternura que palpitan secretamente en algo tan mínimo y rutinario como este aliento que nos vivifica. Mi consciencia se volvió infinitesimal y se posó levemente con sus patitas hormiga sobre esos bordes de quietud y silencio, tan finos como una traza de vapor blanco en el cielo. Encontré como una Sonrisa burbujeante en ese insignificante intervalo en el que el movimiento de la inspiración se detiene para posteriormente derrumbarse sobre sí como la ola se deshace sobre su espuma…

Ese espacio sin espacio, ese tiempo sin tiempo en el que el aire se curva y cambia de dirección no es una simple tierra de nadie consecuencia inevitable de esa mecánica del inspirar y el espirar sino su causa… ¡Es la misma matriz divina que crea y sostiene todo el dinamismo trinitario! Es la brecha imperceptible a través de la cual se atisban las entrañas misericordiosas del Padre-Madre… Y es entonces cuando constatamos que no somos nosotros los que respiramos, sino que ¡ES ELLA LA QUE NOS RESPIRA!

En el tema II: ¿Qué es el ser humano? que Félix pone a nuestra disposición a través de apuntes y diapositivas, se muestran dos modelos religiosos para explicar los orígenes del ser humano: el creacionista del monoteismo judío y el budista tántrico-mahayánico. Desde nuestra propia experiencia personal podemos afirmar que, más allá de la comprensión hermenéutica-intelectual de los textos, nos aguarda una invitación experiencial de los mismos.

Esos tres bardos post-mortem del budismo Dzogchen y la Función de Onda Maestra llamada Paraiso del Bereshit hebreo, laten y se actualizan en tí en este mismo momento en que lees este escrito frente a la pantalla del ordenador. No lo pospongas más. Permítete comprenderlos experiencialmente y no con tu cerebro trinitario. En hebreo el verbo conocer es yada: conocimiento por experiencia, integral, que ocupa todo el ser. (Ya no tendrán que adoctrinarse más entre sí, diciendo: «Conoced a Yahveh», pues todos ellos me conocerán.  Jeremias 31, 34)
Es aquella sabiduria que se saborea. La puerta de acceso se abre ante nosotros con la misma sencillez y alegría con la que los jazmines y don diegos exalan su aroma al atardecer.

El curso de “Terapeutas Analíticos” de Félix Gracia continua destilando su magia en los latidos de tu respiración…

Marco Giovannucci

Marco Giovannucci
CRONISTA OFICIAL DEL CENTRO FELIX GRACIA