La luz y el olvido

el-oro-del-azul. Joan Miró

Incluso del olor de la flor brota un algo amargo.

Arthur Rimbaud.

 

El Estado Condicionado del Alma (ECA), se asemeja a una marca al agua grabada en nuestro ser y que sólo se descubre cuando nos situamos al trasluz de nuestra consciencia verdadera.

Es una filigrana oscura y densa como la obsidiana, trazada sobre la piel de la Clara Luz con la finura de una pluma de ganso, en el instante exacto de la escisión dualista e imaginaria del alma. Tan minúscula como las huellas de las patitas de una mariposa impregnadas de pólen amargo.

El tatuaje de un dia-bólico sortilegio.

No nos cansaremos nunca de repetirnos que la separación jamás ha tenido lugar en el seno de Dios pero en cambio nuestra mente, Hija de las Brumas del Olvido, que todo lo espejea en mosaicos fragmentarios, es incapaz de experimentarlo.

En el siglo XIV, un maestro tibetano llamado Longchenpa, de mirada diluida en polvo de estrellas y mente resplandeciente como las nieves del Himalaya en primavera, percibió esas trazas con cuerpo de libélula, y las llamó bija (semillas), tan evanescentes como los bordes de un perfume, surgidas de la falsa idea del yo producida por esa avidyaignorancia innata que conforma el espejismo de la separación. Este oscurecimiento cognitivo jñeyávarana, por el cual la Clara Luz ( Azul Misericordioso) ya no se reconoce a sí misma sino a través del reflejo que le devuelve el espejo de su hechizo, produce a su vez un oscurecimiento pasional o klesavarana, tejido con los sentimientos de culpabilidad, inmerecimiento y miedo. Son estas semillas-latentes (“nucleos germinales” Guardianes del Paraiso, pag.60) las que moldearán nuestro cuerpo y nuestras circunstancias con la apariencia del Árbol del Sufrimiento cuyo fruto es amargo como el ajenjo.

Estamos entretejidos con hilos de azabache y obsidiana sobre un omnipresente tapiz de aguamarina amorosa eternamente viva y creadora.

Marco Giovannucci

Marco Giovannucci
CRONISTA OFICIAL DEL CENTRO FELIX GRACIA