EL DRAGÓN DEL EDÉN

Reptiliano

Misteriosas y astutas hechiceras, ¿en qué os ocupais?

En un maravilloso conjuro.

Macbeth. Acto IV, Escena I.

Un conjuro que dura ya millones de años…

* * *

La célula es la constatación orgánica del Gran Olvido. Su membrana plasmática es un muro, una frontera, una linea de demarcación entre el dentro y el fuera.. También una trinchera.

Aquí, en estos bordes invisibles de nuestro cuerpo, tan infinitesimales que ni tan siquiera los copos de nieve se atreven a soñarlos, comienza la feroz lucha por la vida. El Niño-Dios, creador absoluto de todos los mundos, queda aprisionado, bloqueado su potencial ilimitado en todo este campo magnético orgánico cuyo pulsión primera es la supervivencia. Cuando este Hijo de la Alegría, chispa de la divinidad, debido a su desmemoria del Amor emerge en el mundo de la Manifestación, no sólo adopta un cuerpo sexuado con el que establecerse en unas coordenadas espacio-temporales, sino que lo hace sobre un organismo fundamentado en un sistema nervioso muy primitivo… que le condicionará de por vida.

Como el joven Atreyu sobre el caparazón de la Vetusta Morla. El Olvido tiene sus reglas de juego.

EL CEREBRO REPTILIANO

El sistema encefálico al que el neurofisiólogo Paul McLean bautizó en la década de los 50 como cerebro reptiliano, dominó este planeta durante más de doscientos millones de años. Su modus operandi es el automatismo y la repetición; una vez que ha aprendido algo lo memoriza y lo repite una y otra vez, en una historia interminable, y así va abriendo un surco invisible y se instala en él. Esta mecánica neuronal es puro instinto e impulsividad.

Una catarata de Oro vivo, un Abba generador de vida pero con aroma a horfandad, queda contenido en estas ciénagas cerebrales donde tienen lugar combates feroces por adaptarse al medio. Este impulso de Vida tan embriagador como un bosque de eucaliptus azuzado por la lluvia de la tormenta, queda aprisionado por esta falta de oxígeno de la ley reptiliana y sucumbe a ella.

Y por medio de este conjuro evolutivo queda el Niño Divino transformado en Niño Reptil, utilizando las mismas estrategias de adaptación al medio que emplean las tortugas y los lagartos.

De la Clara Luz al Dragón del Edén.

Marco Giovannucci

Marco Giovannucci
CRONISTA OFICIAL DEL CENTRO FELIX GRACIA