MANDALAS DE LA MENTE

mandala

El mapa no es el territorio.

Afred Korzybski.

 

Conversando con algun@s compañer@ de clase, observo lo profundamente atrapados que estamos todos en nuestros esquemas mentales, y como a través de estos mapas cognitivos y emocionales interpretamos la realidad.

Este curso de terapeutas analíticos de Félix Gracia se debería acoger en nuestros corazones con mansedumbre y silencio, como trapecistas que mantienen el equilibrio en los bordes de las palabras, tan frágilesy hermosas como las cipselas de un Diente de León. Una gramática del silencio es la herramienta adecuada para ir profundizando en esta inmensidad espiritual y psicológica que Félix nos propone durante el fín de semana. Para que no se convierta en “un curso más” tendremos que proceder con la habilidad del basilisco que se desplaza ligeramente sobre la superficie del agua.

Vivimos atrapados en la imaginería espacial por lo que cuando escuchamos hablar sobre los diez mundos del maestro budista Nichiri Daishonin automáticamente los podemos interpretar como apilados unos encima de otros, como peldaños de una escalera invisible por la que ascendemos y descendemos azuzados por los vientos kármicos.

La trascendencia del Brahman Supremo entenderla como “exterioridad” y la inmanencia del Atman en términos de pura “interioridad”.

En realidad, los bardos del Dzogchen tampoco poseen categoría temporal (no sucedieron en el pasado antes de encarnar ni ocurrirán en el futuro después de la muerte).

Al giro decisivo de la teshuvah le antecede el camino en círculos de la meshuggah por el que nuestra mente enloquecida nos hace transitar durante este Sexto Día de la Creación.

Afirmar la santidad de la Manisfestación, considerar bendita la Creación tampoco es un acto voluntarista ni una exigencia moral, sino una constatación tan sencilla como el vuelo de un gorrión o la brisa sobre el arrozal.

Tengamos siempre presente que todos los mundos y los incontables impulsos de vida en ellos existentes, vibran con toda su plenitud aquí y ahora, ya sea en forma de onda o colapsándose de manera puntual bajo el disfraz de partícula.

La mente crea estructuras mandálicas en su interior, toda una red de geometrías y colores con la que intenta atrapar la realidad del Espíritu. El silencio y la serenidad borran de un plumazo todo ese entramado de seriedad y perfección con la que el ego humano se pertrecha en su camino de búsqueda de Dios. “Por la teshuvah y la calma sereis liberados (yasha). En el sosiego y la confianza está vuestra fuerza”. Isaias 30, 15.

Es tan simple que necesitamos hacerlo dificil. En el rumor de la sangre se declaman los sutras más sublimes del budismo y en el tomillo agitado por el viento late el corazón de Jesús.

Marco Giovannucci

Marco Giovannucci
CRONISTA OFICIAL DEL CENTRO FELIX GRACIA