CUANDO JESÚS FLOTA EN EL AMBIENTE

jesus

Todos conocemos a Félix, y no nos sorprende en absoluto la firmeza y vehemencia con la que a veces expone los temas, lo categórico que es en sus afirmaciones, lo aplastantes que son sus conclusiones; el único sorprendido, a veces, es él mismo cuando descubre que quizá ha alzado la voz un poco más de la cuenta. Pero lo que nunca deja de sorprenderme es la transformación que ocurre en la sala cuando nos habla de Jesús. El silencio que se crea no es de atención sino de sobrecogimiento.

Nos comenta que ha vivido épocas  en las que se ha sentido  “enamorado” de Jesús, que a veces siente que camina junto a él, que Jesús está en su “sangre”… Lo cierto es que cuando habla de Él, conectamos con esa emoción en la que el corazón parece reventar, la garganta se cierra y, si se te ocurre algo, eres incapaz de articular palabra; en esos momentos no escuchamos, no interpretamos, lo sentimos directamente en la boca del estómago, y no sé quién se emociona más, si Félix o nosotros. Sus labios tiemblan cuando pronuncia su nombre: ¡¡Jesússs!!. Su voz, es como un susurro al oído del corazón, y su mirada se pierde, transparente, en su universo. Cuando habla de Jesús quiere decir muchas cosas, pero entonces calla de pronto, y su silencio, lleno de matices, nos llega pleno, vasto, profundo y vibrante. Al rato el aire se quiebra, Félix respira hondo y nosotros sentimos su plenitud.

Y Víctor nos empuja a soñar lanzando una idea: ¡viaje “fin de curso” a Galilea!… Pasear por aquellos lugares después de haber escuchado tantos relatos de Félix; después de haber viajado hasta allí con los ojos cerrados, guiados por su voz y la música de Mario; después de habernos sentado tantas veces en esa roca, sobre el lago… junto a Él, ¡¡Jesússs!!

Félix dice que él va, aunque sea solo. No creo que se lo permitamos.

En la tertulia que se forma en el hall de la residencia después de cenar sale a colación el viaje; casi no hemos empezado todavía y ya estamos imaginándolo, para dentro de dos años:

– “Ya tenéis la hucha?. ¡Yo sí!. Tengo una hucha de barro así de grande”.  María abre expresivamente los brazos como un pescador presumiendo de su trofeo, haciéndonos reír con su gracejo andaluz.  “Era de mi madre  -añade- , la he limpiado bien y le he puesto un tapón de corcho bien apretado; he escrito en ella todos los lugares que quiero visitar y la voy llenando con monedas de uno y dos euros…”

– ¡Yo también! – contestamos todos a una. – ¡Yo, no me lo pierdo!…

Galilea, verde y florida, lugar de encuentro. Ha transcurrido mucho tiempo, es verdad, pero hay cosas que son eternas y viven allí.

Javier Amer

Javier Amer