UNO CON EL PACIENTE

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva y untó con el barro los ojos del ciego. Luego le dijo:”Vete, lávate en la piscina de Siloé” (que quiere decir ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió ya viendo.

Juan, 9 6-7

Llevo unos días sintiendo el título de este escrito en mi corazón. Hasta ahora había sido algo intencional o intelectual, vivir que tú y el paciente sois lo mismo, la otra cara de la moneda. Poder acompañarlo sintiendo todo su mundo interior como tuyo y a la vez viendo todo su potencial oculto. Dominar la impaciencia de muchas cosas que le dirías, que dentro de él habita un poder eterno que todo lo puede, que él es mucho más de lo que cree, que sólo tiene que recordar, que todo es fruto del amor… tan sencillo y difícil a la vez.

Caminar a su lado, estar ahí, verlo hundirse otra vez y sentir su hundimiento como tuyo; sorprenderte otros días con su alegría y compartirla tú también. Estar pendiente de él y a la vez estar pendiente de ti, dispuesto a acudir a su llamada, atento a observar y aguardar, esperando a verle crecer… Cuántos matices y sutilezas, aprendiendo con él, sintiendo que tú subes si él sube.

Amigo y compañero, me llamaste un día llorando y me conmoviste; sólo pude decir que sí aún sin saber cómo iba a hacerlo, pero hoy sé que lo voy a hacer. Me has dado la oportunidad y me maravillo del proceso, de tu función y de la mía. Estate tranquilo que yo velo por ti; te tengo en mis pensamientos,  estoy atento a tus reacciones, a tu mirada; sé que te cuesta expresarte… no temas… juntos lo haremos. Quieres decir mucho pero no te atreves, ya lo sé, no te preocupes, tu mirada ya me lo dice. Sé que la soledad y la tristeza llaman a tu puerta muy a menudo, que son compañeras que ahora te duelen, insoportables, que te hacen buscar refugio fuera de ti. Pero un día descubrirás que han sido buenas y convenientes compañeras del viaje. Estás buscando ubicarte, echar raíces, saber quién eres, encontrar tu lugar y función en este mundo que ahora no sientes tuyo. Y en esa búsqueda, tu alma y la mía se han llamado, tu demanda es mi ofrecimiento. Aun es pronto cuando el camino apenas se ha iniciado, pero descubriremos todo aquello que tu alma ansía y yo también me descubriré contigo. Gracias por cruzarte en mi vida, pues tú das sentido a mi función.

Vicente Benlloch

Vicente Benlloch