María Angustias

abrazo

Como sabéis, siempre he dicho que me llamaran Marian, aunque mi nombre real es Mª Angustias. Desde pequeña he rechazado mi nombre, con frecuencia le protestaba a mi madre por haberme llamado así, su respuesta siempre era la misma, lo siento pero naciste con el nombre puesto, otras veces añadía que además era un nombre muy hermoso. Ninguno de estos argumentos era válido para mí y, en varias ocasiones, he iniciado trámites para cambiarme el nombre legalmente, aunque en el último momento siempre me he arrepentido y no he completado el proceso.

En el último encuentro, el domingo después de la comida, Félix comento de la importancia del nombre y que no era conveniente usar diminutivos, esas palabras me calaron profundamente y tras su explicación sentí la necesidad y el deseo de usar mi nombre real. Desde ese mismo momento sentí que algo estaba surgiendo en mí, era como recuperar mi esencia, recuperar una parte de mí, fuertemente rechazada durante mucho tiempo y que, a pesar de ahora yo la creía aceptada, la aceptación no era plena pues aún seguía rechazando ser llamada así. Una alegría y una aceptación muy profunda se iban apoderando de mí, comencé a repetir mi nombre, que ahora sonaba muy bien, y cuando esa tarde y los días posteriores alguien me preguntaban mi nombre, por primera vez en mi vida, me sentía feliz y orgullosa de decir María Angustias. Era como haber recuperado parte de mi esencia, recuperar una parte de mí, quizás la más significativa y la que me informa más claramente de la experiencia de vida que mi alma quería vivir.

Aunque mi madre cuando decía “naciste con el nombre puesto”, se refería a que mis 2 abuelas se llamaban Angustias, y que al ser yo la mayor me correspondía ese nombre. Aquellas palabras hoy cobran un nuevo sentido para mí, he comprendido la información que me traían y su ayuda para comprender cuál era el objetivo fundamental de mi vida. Si, naci con el nombre puesto, y mis abuelas y mi madre contribuyeron para que así se plasmara en la realidad, quiero pues agradecérselo a todas ellas y honrar su nombre y el mío. Os pido que me ayudéis a ello llamándome María Angustias. No obstante si alguno de vosotros/as se siente más cómodo llamándome Marian, también estaré encantada con ello, ya que “la Marian” como me llamaban de pequeña en el pueblo, también representa otra faceta de mi misma, si no tan reveladora como la de María Angustias, si muy útil en mi vida y gracias a la cual pude sobrevivir. Por ello hoy no quiero caer nuevamente en trampa de rechazar una parte de mí para recuperar otra, ya que ambas forman parte de mí me completan y contribuyen a mi integridad.

Un fuerte abrazo

Marian Rivadeneira

Marian Rivadeneira