La Evolución y su repercusión e influencia en ti, que eres un ser humano.

el ritmo de la clase CFG

5.- Haz una reflexión/ comentario sobre las tres fases de la Evolución y su repercusión e influencia en ti, que eres un ser humano. 

6.- Qué es un dilema y qué representa en la vida humana. En qué medida te afecta a ti en este momento presente.

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Hola Félix.

La Evolución es un proceso que se basa en la creación continua y eterna. El Espíritu Supremo de la Vida, que se ha escondido en nosotros como Atmán, nos empuja sin que nos demos cuenta, sin que sepamos cómo y sin que sepamos reconocerlo, a que participemos de ese proceso. Ese impulso creador se instaló en el principio como semilla enraizada en lo más profundo para desarrollar el árbol de la vida cada vez más ramificado, más completo: más complejo. A medida que el árbol es más grande y frondoso, sus raíces son más profundas; el Espíritu se implica cada vez más en su proyecto para que la creación pueda continuar eternamente. Para ello, se apoya en tres fases que corresponden a los tres aspectos del cerebro triuno humano.

Lo primero era pensar en las raíces del árbol, sin ellas no se sostendría, tenían que ser fuertes y sujetarse bien a la tierra. Por eso el Espíritu dictó su orden más fundamental: la supervivencia. Y lo hizo con carácter irrevocable y eterno para que en ningún momento del proceso evolutivo deje de ser obedecida. Esa orden tiene dos vertientes: una interna y otra externa.

La vertiente interna, que actúa de “oficio”, está relacionada con el soporte, con el cuerpo en sí, y supone una especie de “software” o programa interno que se encarga de que todos los sistemas corporales internos funcionen correcta y sincronizadamente sin que nos tengamos que ocupar de ello: respiración, circulación sanguínea, asimilación del alimento, proceso de crecimiento y renovación internos, etc.

La vertiente externa, está grabada a fuego en nuestro cerebro reptiliano a modo de cuatro consignas irrenunciables para que, pase lo que pase, la vida siempre continúe. Éstas son las necesidades básicas: comer, dormir, defenderse y aparearse; aspectos imprescindibles que gozan de prioridad ante cualquier otro, pues si no son satisfechos, la vida resulta imposible.

En este momento presente, la supervivencia supone para mí (creo que para todo ser humano) una implicación con el mundo terrenal, con el mundo del “Cesar” que, no solo no es adecuado eludir porque forma parte importante en el proceso evolutivo físico y conciencial, sino que además no es posible hacerlo porque, teniendo en cuenta cómo hemos construido el entorno de la sociedad en la que nos movemos, se han creado unas intrincadas ataduras que hacen dificilísimo, si no imposible separarse de él. Estas ataduras son a la vez la garantía de cumplimiento de esas cuatro necesidades pues nos llevan a ocuparnos, y a veces preocuparnos, no sin cierto esfuerzo, de que sean satisfechas.

Lo segundo era construir un tronco fuerte, firme y estable, preparado para soportar las inclemencias del entorno, no siempre amable, en el que crece. “No es bueno que el hombre esté solo”, así que el Espíritu decidió que era bueno ramificarse en otros iguales, aunque con diferentes aspectos y matices. Se hizo necesaria entonces la Convivencia, la cooperación, para que, unidos por el mismo tronco, proporcionaran belleza y equilibrio al árbol de la vida. Ahora la vida deja de ser un “yo” para convertirse en un “tú y yo”. Las raíces garantizan la supervivencia de las ramas que solo deben ocuparse de no estorbarse unas a otras, de ocupar los espacios vacíos, de buscar el equilibrio del árbol, creciendo en la dirección adecuada para el mayor bien del conjunto. La existencia de las ramas no anula la existencia de las raíces, siendo éstas la base de apoyo y de sustento de aquellas.

En esta fase del ser humano se desarrolla el cerebro límbico, y su influencia en el momento presente, conlleva el disimulo y la ocultación de pulsiones que pueden impedir o hacer difícil la convivencia. Supone no pensar tanto en lo que me favorece a mí como en lo que nos favorece a los dos. Supone frenar y reprimir determinadas reglas de actuación egóicas en favor de la colaboración. En parte lo conseguimos, pero a costa de la creación de un recinto oculto e inconsciente al que llamamos sombra, en el que se ocultan todos estos aspectos reprimidos que acaban formando un cuerpo de dolor que, tarde o temprano, deberemos dejar salir.

Lo tercero era el “para qué” del árbol, su objetivo y aportación al proceso evolutivo: El Fruto. Es la Integración, el momento de recoger aquello que se ha sembrado. Tras una gran y esforzada labor por parte de las raíces y del tronco, se consigue el regalo de la vida: El fruto que se regala generosamente a la propia Vida. El fruto que, una vez maduro, esparce cientos, tal vez miles, de semillas que serán acogidas por la tierra generando así más vida, garantizando así la continuidad del proceso. El fruto cuya existencia no sería posible sin las ramas, sin el tronco, sin las raíces; sin el árbol. Para eso, el árbol debe crecer en la tierra, someterse a sus leyes y reglas, a los ciclos y estaciones, aceptar los días de sol y las ventiscas, los días de frío y los de lluvia suave. O el fruto se da ahí, o no se dará en ninguna parte.

A nivel humano supone la aparición del cortex cerebral y el surgimiento de las metanecesidades, de la trascendencia, la unión de “tú + yo”. Toda la estela que hemos ido dejando atrás deberá ser asumida, sanada e integrada implicándonos en lo más oscuro y escondido de la vida. Todo lo rechazado en aras de la convivencia y la colaboración, toda la sombra, deberá salir a la luz y ser acogida en un único “nosotros”, más aún: en un único YO SOY; la máxima complejidad. Ese es el objetivo de la Vida que está en la copa del árbol: el Dios Total.

El dilema supone la relación entre dos hechos que, analizados cada uno por separado, tienen un sentido de ser lógico y razonable pudiendo, incluso, ser adecuada su puesta en práctica pero que, sin embargo, no son compatibles si se intentan llevar a la práctica conjuntamente. El dilema representa el exponente más claro de la dualidad en la que vivimos. Son los aspectos opuestos y complementarios, la consecuencia de la separación del uno en dos.

En la vida humana supone que actuamos unas veces según un criterio y otras según el contrario. No existe término medio y no podemos escaparnos de él. O somos egoístas o somos generosos, pero no podemos ser ambas cosas a la vez.

Jesús planteó un dilema cuando dijo “O estás conmigo o estás contra mí”, es decir, o estás del lado del amor o no lo estás, pero no puedes estar en un punto intermedio porque eso ya supone un amor condicionado que no es compatible con el verdadero amor.

Otro dilema lo planteó cuando dijo “No se puede servir a dos señores”, el servicio a uno excluye el servicio al otro.

El dilema nos está poniendo de manifiesto nuestro propio origen dilemático: la separación del Dios Total en las dos caras de la moneda que supone nuestra identidad Divina y nuestra identidad egóica. Y sólo es resoluble desde la visión de Dios. Dios desde su perspectiva más elevada no solo ve una moneda formada por dos caras unidas cuando yo, desde la mía, veo una cara u otra opuesta, sino que Él, ve la moneda como una esfera sin bordes ni cantos, siempre continua y uniforme, una unidad total.

Besotes y buenas noches.

Javier Amer

Javier Amer

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El proceso de la Evolución está al servicio del objetivo de la vida humana que es hacer que el Ser Humano se identifique con Dios; sienta que lo es, viva y actúe como tal desde esa conciencia. En palabras de la ciencia sería alcanzar la máxima complejidad, la tendencia continua a la complejidad absoluta (Ilya Prigogine), la identificación con Dios.

En este proceso de manifestar la divinidad en nosotros se han producido diferentes fases en el proceso evolutivo, concretamente 3 fases:

1. Fase de Supervivencia: el objetivo fundamental de esta fase es asentar la vida en la materia, está relacionada con las funciones básicas de nuestro cerebro reptiliano, principalmente con el comer, dormir, defenderse y aparearse. Además regula los procesos orgánicos: respiración, temperatura corporal…

2. Fase de Convivencia: en esta segunda fase aprendemos a convivir con otros Seres Humanos, necesitamos relacionarnos con ellos para poder conseguir determinadas cosas, cooperar nos beneficia a todos. Esto significa controlar, reprimir todas las pulsiones e instintos de la fase primera. Al mostrar esta cara más amable, provoco que todos estos impulsos vayan al inconsciente y concretamente lo más fuerte o reprimido constituye lo que llamamos sombra. Aparecen las necesidades psicológicas y están relacionadas con nuestro cerebro límbico, que tiene una influencia clara en toda nuestra actividad emocional.

3. Fase de Integración: en esta fase el objetivo es integrar todo lo vivido, todo lo sembrado y declararlo bueno y conveniente. Todo ha sido necesario y todo ha sido adecuado. El ”si” y el “no” al 50%, siempre que he elegido algo lo contrario ha estado presente en un mundo paralelo, por lo tanto el “si” y el “no” dejan de ser opuestos para ser ambos necesarios, las dos caras de la moneda que decía Jesús, todo al servicio del plan. En esta fase aparecen las metanecesidades y están relacionada con el Córtex Cerebral. Este fase es relativamente cercana en el tiempo en relación a las otras, solo hace 40.000 años que se desarrollo esta parte del cerebro.

Nosotros somos todo, la chispa divina está presente en todo el proceso sosteniendo la vida, en lo más profundo y dependiendo de nuestro nivel de conciencia y de las situaciones, manifestaremos más una fase u otra. Todo vive en nosotros, todas las fases están en nuestro interior y este proceso evolutivo tiene como final lo comentado al principio, la realización del Hombre Celestial, por lo que no es un proceso que viene del pasado sino del futuro. La evolución está al servicio de este plan, tiene que realizar en la materia lo que ya existe en otro plano y que está esperando manifestarse en este mundo.

Un dilema se produce cuando aparecen dos hechos que por separado tienen sentido pero que juntos no se pueden articular, no se pueden dar a la vez. La vida se establece sobre dilemas, la vida es una experiencia dilemática, la personalidad nace en el mismo momento que nace el dilema.

Un ejemplo sería el ser justo y misericordioso a la vez, es imposible, o se es una cosa o la otra, tener fe o desconfiar…

En este momento presente en el que quiero hacer real al Hombre Celestial, el germen dilemático me afecta en la medida en que yo quiero sentirme Dios sin dejar de ser lo que yo soy. Tengo que morir yo (“muerte psicológica”), negarme a mí mismo para poder ser Dios. Este es nuestro gran dilema.

Todos los dilemas se resuelven desde el punto de vista de Dios, elevando la mirada y viendo las dos caras de la moneda, viendo que en una opción también está la otra sosteniendo a la primera, bendiciendo y reconociendo la opción no manifestada. Integrando.

Vicente Benlloch

Vicente Benlloch

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Hola Félix.

La evolución es la ejecución de un proceso que tiene su origen en el Vacio Cuántico, que presenta una tendencia hacia la complejidad y el objetivo es ampliar esa complejidad en términos de conciencia.

Esta evolución ha pasado o pasa por tres fases, tres momentos inconmensurables:

1ª Fase o fase supervivencia. El Brahman Supremo decide manifestarse y genera los mecanismos necesarios en lo manifestado para que lo haga posible garantizando la supervivencia. Para hacer real proceso hay que sobrevivir, si mueres no hay proceso. Se crean mecanismo instintivos para garantizar la supervivencia. Estos mecanismos son: comer, dormir, defenderse y aparearse. Estos son fundamentales.

Existen funciones que están garantizadas sin nuestra participación y voluntad: la respiración, la circulación de la sangre y la temperatura corporal. Eso “alguien” lo hace por nosotros, son procesos internos.

Son fases que garantiza el proceso y eso lo hace la Fuente Eternamente Creadora o Brahman Supremo.

Lo ha realizado de tal manera que se ha metido en lo más recóndito de la vida, de nosotros. Su apuesta es total, comprometida hasta la médula. ES La piedra angular de la vida y todo se creará sobre esta piedra. Son los cimientos de una casa llamada EVOLUCIÓN. Esta fase es la planta primera de esta casa.

2ª Fase o fase de Convivencia. Está apoyada sobre la primera planta. Existirán gentes que viven en la primera planta. Son gentes que sus formas serán de supervivencia, de egoísmo. Que responderán siguiendo el instinto de los animales, donde no existe la moral, ni la comprensión. Que matan para vivir, no porque sean malvados. Existirán gente que actúen así para recordarnos que están ahí, que estamos ahí, porque eso está también en nosotros. Ninguno estamos exentos de hacer aquello que no nos gusta de los demás, pues la raíz esta en nosotros.

Antes solo peleábamos, ahora vemos que si nos juntamos podremos cazar mejor, que si vivimos mas cerca podremos protegernos mejor.

Convivir conlleva controlar los instintos que antes nos ponían a salvo. También consiste en controlar y reprimir la agresividad, la fiereza, la crueldad, etc. para que pueda haber colaboración y seamos amables. Y debo guardar esos instintos porque vale la pena confiar en ti para mejorar. Negociar conlleva reprimir. Y todo lo reprimido va a un cuerpo psíquico llamado inconsciente y en el a un escondido lugar llamado SOMBRA. Y algún día nos tendremos que encontrar con ella como precio pagado por la convivencia.

3ª Fase Integración. En ella tenemos que recoger todo los sembrado. Aquí surgen la metanecesidades, que están más allá de lo que son imprescindibles. Supone un impulso de avanzar hacía el futuro. Hacia donde se percibe la existencia de lo noumenico. Significa el acercarnos a algo etéreo y real a la vez que está en nosotros. Esta seria la tercera planta del edificio evolutivo, pero sin olvidarnos que en nosotros esta también la 2ª y la 1ª planta del edificio. La vida construye sobre los existente, no desaparece lo anterior; en nosotros están las tres plantas y representa nuestra tendencia a participar, a la integración.

Y esto es la vida humana, nacer y vivir:

– Nacer es incorporarte al proyecto

– Vivir es la oportunidad de realizar tu tarea en el.

La vida en el contexto de la alternancia nos presenta otra característica: la dualidad, la polaridad. La polaridad son los opuestos: día y noche; blanco y negro. Pero existe algo mas profundo a la polaridad y es el dilema.

Los dilemas son aspectos polares, pero no tratan de decir bueno o malo como opuestos, sino en la forma en que podemos actuar; con bondad o con maldad. Cuando un sustantivo se convierte en acción se crea un dilema y la vida es el mundo de la acción incesante. Somos humanos y por lo tanto sistemas abiertos que interactuamos de continuo.

Un dilema, pues, está formado por dos hechos que por separado pueden ser ambos lógicos, razonables e incluso convenientes, pero juntos no se pueden asociar. Por ejemplo: La justicia y el perdón, no son conciliables. Ser o pedir justicia, o ser misericordioso. Nunca sera las dos cosas a la vez, o la una o la otra.

Al vivir en el edificio de la evolución, en mi está todavía, las tres fases de la evolución. Y esto me hace sentirme con identidad egóica, cuando en mi está también la identidad divina. Y desde la más elevada de las condiciones es desde donde podré sentir la unicidad con Dios. Porque solo Dios es la unidad.

Félix Jurado

Félix Jurado