AL SEMBRADOR

el sembador
 
“Josefina, pobre, qué desgraciada has sido”
Miguel Hernández, poeta.

Miguel, el poeta alicantino pastor de cabras, ha sido un referente misterioso en mi vida desde adolescente. No sabría explicar por qué, ni creo que eso  importe; pero Miguel Hernández ha despertado sentimientos en mí como ningún otro personaje cercano. Algo suyo permanece vivo en mi camino, común a ambos; y yo lo vivo como propio, y como de él.

Hace ya varias décadas, me acerqué a Orihuela, su pueblo; me cogía de paso desde Murcia a Alicante, pero no fui capaz de detenerme en él. Apenas apareció el cartel con el nombre en la carretera sentí una emoción incontrolable en el pecho y la garganta. Incapaz de seguir conduciendo, tuve que detener el coche en la cuneta… y desahogarme en llanto.

Miguel, Miguel… te fuiste con una pena en el alma, asociada a tu mujer y al sueño que no pudiste realizar. “Josefina, pobre… qué desgraciada has sido”. Te fuiste, Miguel, pero dejaste plantada una semilla en el alma de la vida, que contiene el sueño incumplido de todos los migueles y josefinas de la historia; de todos aquellos a los que les faltó el tiempo y los medios para encontrar la felicidad. Te fuiste, poeta y pastor, con tu pena en el alma, como una carta escrita a Dios recordándole cuántos quedamos en la tierra con ese mismo sentimiento. Y Dios, que todo lo atiende, en algún momento leería tu carta y tocaría con su mano invisible el corazón de unos y otros para que aquel sueño se cumpliera. Porque así como hay un tiempo para sembrar, hay otro para recoger la cosecha.

Sí, querido Miguel, en cualquier lugar del mundo existirán personas haciendo dichosa a otra, o a muchas. No importa cuáles sean sus nombres ni donde estén, ni si ellas o los demás lo saben. Lo que importa es que tú sembraste la semilla de aquella necesidad, amigo sembrador, y que yo así lo percibo; y al hacerlo, me siento enriquecido  por ti, y por cuantos sembradores desconocidos nos han precedido.

Félix Gracia

Félix Gracia