Querido Niño

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Querido Niño: Esta mañana, al despertar, he sentido tu llamada y, en ella, todos habéis llegado en un sueño sin dormir, infantil y lúdico como un recreo o como un Paraíso en forma de juego, donde nuestro maestro se nos ha mostrado como el niño que llegó antes y vino a llamarnos, a reunirnos, a llevarnos. ¡Qué importa si algunos no hemos coincidido en los caminos de la vida, si somos Uno en infinitud de matices manifestados! No estamos viviendo vidas diferentes, sino la misma, con tanta profusión de formas como las flores que regala la primavera, y por ello me he sentido abrir las mismas escotillas con vosotros y recibir el aire de la libertad en los pulmones, en la sangre y en la vida toda. También con vosotros mi corazón se ha llenado de música y perfumes de la tierra que pisó Jesús y atesorado el regalo de andar en su huella.

Hoy, más que nunca, celebro ser partícipe, de compartir el viaje a casa en el silencio total que sobrecoge el alma que camina de latido en latido en el Corazón del universo.

Hoy me siento convertido en el niño que llamaba a mi vida en la madrugada esperando con júbilo la salida del sol, sintiendo la vida: la Vida con vosotros, que sois los colores sorprendentes de un caleidoscopio. Siento vivamente vuestra compañía y oigo vuestro vivo murmullo mientras el sol comienza a iluminar el camino entre los olivos, los cantos de las aves, las flores que despiertan y desperezan sus pétalos y pintan de sus colores campos, jardines y corazones.

Gracias por vuestra presencia, que siendo lejana en los encuentros de los brazos, está tan cerca como la mano que busca el corazón para tocar la magia del latido del amor.

Vuestro amigo, Pedro.